Las voces solo son elipsis
de conciencia, como este humo que invade la habitación a su antojo, difuminando
la oscuridad, intentando frenar el temblor de manos de tu ausencia. Empiezo a
comprender que por mucho que corra sin mirar atrás, hasta quedarme sin aliento,
no podré olvidar. El monstruo seguirá ahí, sangrándome la respiración, viciando
el aire con gritos entumecidos. Arrojo el teclado al suelo, una voz masculina
grita de frustración. No, dejemos de escribir, ¿para qué forzar la
transcripción de pensamientos? Solo consigo algo inocuo, sin sentimiento, impermeable
al sentido que quiero darle, cenizas de ideas como uróboros fagocitándose, como
intentar sumergirme en la espuma de la soledad y solo conseguir atragantarme,
sin ni siquiera astillar el hueso. La putrefacción de cada metáfora solo agrava
las distancias.
Pero los recuerdos me
sobrevienen, como pequeñas explosiones en el campo de minas de mi cerebro, mezclando
los quizás con los ojalá. Una parodia de la realidad. Eso
éramos tú y yo. Solo carne abierta deslizándose por las sabanas. Aguja e hilo.
Haikus demasiado largos. Sentimientos arrugados que lanzábamos contra una
papelera enfebrecida, como la sombra alargada y deforme de las tardes de verano
que representaba el desecho de una foto antigua, de un sentimiento antiguo,
cuando aún éramos nosotros, bucólicos
y entumecidos.
Y a pesar de todo sigo
anhelando perderme en tu piel, lamer tus huesos, vivir de nuevo el accidente,
la lluvia escurriéndose por el cristal empañado por las embestidas, tu pie en
mi mejilla, tus hilos arañando mis muñecas, abriéndome de piernas, haciéndome
bailar toda la noche.
Entonces me fijo en el
suelo. Hay un reguero de sangre, gotitas aquí y allá recorriendo todo el
pasillo, como la evidencia de un crimen. Me levanto asustada sin ser consciente
de lo que sucede, me quito el camisón, me arrodillo y empiezo a limpiarlo. Pero
resulta absurdo, cuanto más me esfuerzo en limpiar más sangre aparece por todas
partes. Tardo en darme cuenta que son mis propios brazos los que gotean. Me
rindo. Estoy agotada. Me dejo caer como un parasito sobre las baldosas frías,
empapándome de la vida que huye de mi cuerpo, deshilachándose lentamente del
fluir del tiempo, de mi existencia.
La voz más desagradable
despierta en mi cabeza, es la de mi madre, suena como unas uñas deslizándose
por la pizarra. Me increpa que me levante, que estoy manchando todo, que soy
una guarra y una puta. Me incorporo. Voy dando tumbos hasta el baño. Eludo el
espejo. Todo palpita, me siento mareada. Abro el grifo de la bañera y me meto
dentro. El agua empieza a caer sobre mi piel ensuciándose con mi sangre. No hay
banda sonora, solo frío y temblores. Cada vez me siento más pequeña, el
griterío insoportable de mi cabeza va desvaneciéndose poco a poco, la bañera
abarca todo mi mundo.
Después de un tiempo
inconexo dejo de arder, ensayo una
sonrisa justo antes de caer, de ser arrastrada junto al agua por el sumidero.
**
Ahora, semanas después, he
vuelto aquí, al infierno de batas blancas, charlas en círculo, pastillas y ojos
opacos. Por eso, cuando estoy sola en mi despacho, miro al espejo y vomito todas
mis quejas, la frustración, pidiendo algo de paz, de libertad. Pero las voces
siempre me contestan: “No podemos dejarte
morir todavía, hay mucho trabajo que hacer. Necesitamos un ejército”
Suspiro. Y por un instante
pienso en él. Pero ahora solo hay odio. Que muera también. Hay que seguir con
el plan. Es lo único que tiene sentido.
El alzamiento está cerca.
***Epílogo***
Médico: “Hola, bienvenidos
a “Segunda Oportunidad”, la mejor
clínica psiquiátrica del país. Pasen por aquí por favor. Como ya saben toda el
mérito del programa es gracias a la Doctora Isabel Sierra, ella fue la que
fundó esta institución privada con su propio dinero hace ya casi diez años.
Ahora la vamos a conocer. Es alguien impresionante, una benefactora de la
humanidad, ha conseguido progresos increíbles con pacientes crónicos que habían
sido desahuciados de las demás instituciones. Tendrán que perdonar mi
efusividad, pero como compañero de profesión solo puedo dar las gracias por
tenerla cerca y aprender de sus métodos. ¿Esas noticias de hace un par de
semanas? Rumores sin fundamento, se lo puedo asegurar, simplemente se tomó unas
vacaciones. Hay mucha gente que está interesada en contar con ustedes como
inversores y son capaces de todo para ello. Les puedo asegurar que ella es un
ejemplo para todos de entereza y serenidad, y aquí, entre estos muros, estos
rasgos son imprescindibles para nuestro trabajo. Y para el resultado final.
Bueno, ya estamos aquí, ahí está su despacho. Un momento por favor…”