Y porque era verdad: era tu puta, me vendía por veinte besos, cinco abrazos, una cena con tu voz, un te quiero en cada ausencia y mi imagen idealizada en las orillas de tus ojos. Quería que me hicieras llegar tarde al trabajo, ser tu poema, tener una versión pequeñita de ti jugando en el salón…que hicieras de mi boca una trinchera mientras hacías malabares con mi coño.
No pudo ser. Quizás con una talla más de pecho y un cruce de piernas más ensayado... Pero tu sonrisa de deshilachó demasiado pronto, y ahora, en este martes hostil, mis orgasmos se deslizan por mis piernas manchadas de soledad y se pierden por el desagüe. Dibujo tu nombre entre dos cubitos de hielo que se deshacen despacio en el vaso vacío.
Fuimos un par de latidos desordenados, como pintar un corazón deforme en una postal que es más una despedida que una nostalgia compartida.
Escucho la lluvia
de fondo y es como secarme las lágrimas con un pañuelo manchado con tu semen.
****
Y realmente no sé qué más añadir. No tengo muy claro de
que escribir hoy, pero necesito hacerlo, sin escaramuzas añadidas de
infelicidad, solo para ahuyentar el tiempo con el ruido del teclado. Como decía
Cioran, una sensación tiene que caer muy bajo para convertirse en idea. Vamos allá.
Podría hablar del talento. El talento es una pausa de
trascendencia que te emociona, también es algo que atisbas, no comprendes y
finalmente olvidas al segundo siguiente. Pero siempre existe esa pausa, un
instante de inercia bloqueada que pincha tu cauterizada sensibilidad. Luego tu
bagaje y cultura pueden hacerte entender el porqué de esa emoción. Es una
sorpresa, es leer un poemario totalmente aburrido y de pronto notar el pulso
acelerado, un extraño placer, envidia, ganas de compartirlo, de agotarte
releyéndolo una y otra vez. Si queréis una explicación más de ciencias, el
autor ha conseguido pasar de A a C sin pasar por B, siendo B lo máximo que
pueden llegar los demás con su esfuerzo. Y eso se nota. El talento es una
espada de Damocles muy cruel que hace que el tiempo, el esfuerzo, la dedicación
no sirvan para nada. Solo para cubrirnos totalmente de mierda aburrida –cine,
literatura, música- tapando los pocos rayos de esperanza, de sorpresa que nos puedan llegar por casualidad.
Luego también sucede algo curioso, a veces hacemos como
el protagonista de “El Túnel” de Ernesto Sábato, y ponemos una prueba, casi
como una llamada de socorro desde la soledad de la pista. Lanzamos una bola,
mediocre normalmente, con nuestro nombre, nuestro sello particular. Y nos
quedamos esperando una reacción. Con cautela, sin dejar mostrar la emoción de
la posibilidad de una respuesta a la altura de nuestras expectativas. Porque a
fin de cuentas el arte es comunicación, y es lo que esperamos desde el
principio, primero saber comunicarnos con nosotros mismos y a partir de ahí con los demás, sean quienes sean.
De todas formas otra cosa que me obsesiona después de
haber visto azuloscurocasinegro es el tema del éxito. En la película, al menos la interpretación que hago, los
personajes no pueden ser felices porque se empeñas en cosas imposibles, no son
conscientes de sus limitaciones, y como resolución hacen pequeños cambios para
que todo siga igual. Dicho así suena un poco desesperanzador. Te adaptas, pero
no a tus sueños sino a la realidad. El protagonista tiene la autoestima por los suelos y decide dejar la relación que tiene con su vecina, con la que
siempre se siente de prestado, que no está a la altura, por otra chica que
simplemente le necesita.
Con el trabajo le sucede algo parecido, simplemente sigue de portero, pero esta vez lo elige, intenta ver las cosas positivas que le reporta aunque sigue buscando tímidamente otra cosa. Ya lo decían en Fight Club, somos la mierda cantante y danzante del mundo ¿nos conformamos con llevar una vida mediocre, ese es el secreto de la felicidad, como el hombre feliz de Oscar Wilde?
Con el trabajo le sucede algo parecido, simplemente sigue de portero, pero esta vez lo elige, intenta ver las cosas positivas que le reporta aunque sigue buscando tímidamente otra cosa. Ya lo decían en Fight Club, somos la mierda cantante y danzante del mundo ¿nos conformamos con llevar una vida mediocre, ese es el secreto de la felicidad, como el hombre feliz de Oscar Wilde?
Luego otro tema es el tiempo, ¿qué es perder el tiempo? ¿No
hacer cosas? ¿Qué tipo de cosas? ¿Quién dictamina que actividades o que
proyectos vitales son los más adecuados para no tener una crisis existencial en
el futuro por el acoso del tic tac? ¿Dónde está el manual de uso que da sentido real a nuestras acciones?
No encuentro deseable buscarlo en el trabajo. Hablo del noventa por ciento de los trabajos que terminan siendo un fin
en vez de un medio por el tiempo y dedicación que exigen. Dejando aparte el
efecto que causa una rutina de más de diez años en tu cerebro. Que conste que
entiendo el reto, la responsabilidad, intentar ser el mejor y la satisfacción
personal al conseguirlo. Pero para mí la implicación es aborrecible, una
entrada en Auschwitz. Pero claro, soy el tipo que tiene un blog titulado
Decadencia.
Tampoco considero que resida en la familia. Es una experiencia
vital –no necesariamente indispensable-, una pequeña capitulación a la voluntad
de la especie, de la naturaleza, que no nos debería impedir continuar con normalidad con nuestras vidas. Pero la realidad es
que muchas veces tenemos que asumir sacrificios a veces intolerables que nos
lastran durante décadas.
Tampoco en la fe, joder, eso ya sería demasiado sencillo.
Demos a una entidad toda la responsabilidad, todas las respuestas, toda la náusea.
No, si alguno cree en Dios -sobre todo si es el judeocristiano- que deje de leerme.
¿Entonces?
Creo que la vida es una búsqueda de uno mismo. Y ni
siquiera para aceptarnos, darnos la mano y sonreír ante el espejo. Necesitamos conocer cuáles son las limitaciones de nuestra propia celda mental –a través de proyectos, fracasos,
experiencias-, para luego saber qué podemos aceptar de nosotros mismos y qué queremos moldear. Pequeños cambios que provocan que la celda sea un poco más
espaciosa, más interesante, quizá que la vista o las visitas sean diferentes. Y
es ese cambio de perspectiva, una vez superado el miedo inicial, lo que nos
permite tomar nuestras decisiones con cierta libertad, sin imposiciones desde
fuera. Y eso es lo que puede dar relevancia y sentido a nuestras acciones.
Ya no eres un número más, un robot sin consecuencias que
acompaña a los demás borregos hacia la nada. Puede que te frustre no tener
éxito, o puede que seas feliz con poco y llevando una vida ajena, pero la única
felicidad real nace de desarrollar esa libertad personal, lo cual no tiene que
ver con ser egoísta o irresponsable con la gente que te rodea, solo con ser
consciente de ti mismo y jugar en consecuencia. Un juego infernal. Pero ya
estamos en medio de la partida y, al igual que en la literatura, sólo
competimos contra nosotros mismos. Los demás son extras en una narración en
primera persona.
Si decides estar en medio de la tragedia o bajar el telón antes de tiempo, eso siempre será cosa tuya. Pero primero. Observa de cerca, sin compañía ni imposturas, los barrotes de tu cárcel… ¿es eso realmente lo que Tú quieres?
Si decides estar en medio de la tragedia o bajar el telón antes de tiempo, eso siempre será cosa tuya. Pero primero. Observa de cerca, sin compañía ni imposturas, los barrotes de tu cárcel… ¿es eso realmente lo que Tú quieres?
