siempre tan altiva
pero con ese miedo atroz a la soledad.
pero con ese miedo atroz a la soledad.
Incluso en la dramática despedida
cuando me golpeabas con tu viento ciclotímico
(como si lo único que
hubiera conseguido
en todo este tiempo
fuera entristecerte)
ya tenías a otro
esperándote.
Torpeza mía, me cazaste tan lentamente
esperándote.
Torpeza mía, me cazaste tan lentamente
que me sentía victorioso
cuando transitaba tus
caminos fríos
(de deseo calculado)
muerto de sed.
Y ahora, un año después
no queda nada de ese
espíritu increíble.
Solo una sombra de algo
que quise demasiado
y que languidece lentamente
en su habitación de
marfil.
