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miércoles, 29 de junio de 2011

Solo querías la pasión de una tregua, algo fugaz, estático en el tiempo, que no te interrogara en noches insomnes...un relámpago entre tus piernas. Wilde borracho en la cárcel hablando de amor y muerte. Un bonito final.

Cuando me dio aquel ataque de locura tras ocho horas cogiendo llamadas y empecé a hablar de arneses, juguetes sexuales y lo que había aprendido en aquel curso ilegal de cuerdas de Barcelona, todas huyeron meneando la cabeza mascullando: “este chico nunca encontrará novia”.

Pero de pronto, en una de esas redes sociales escindidas del canal Mazmorra, me encontré a una de ellas. Hipólita se llamaba. Una ninfa japonesa cuarteada por la vida pero con ganas de gozar, -con discreción añadía. Era madre de dos niños a sus treinta años, pero consideraba que una mujer era mujer después de ser madre, antes no. Me ofrecía por tanto la posibilidad de hacerme un hombre y de disfrutar del verdadero sexo.



Llevaba más de un año sin echar un polvo. Quizá más. Quizá llevaba desde el efecto 2000 –pasaron cosas muy extrañas ese año-, era difícil de cuantificar…mucho tiempo abrazando en soledad a mi pequeño amigo, ya era hora de que viera mundo y se independizase por unos instantes en alguna oquedad húmeda y resbaladiza.
El caso es que ella me invitó a cenar a su casa. Decidí no masturbarme esa semana, la cosa pintaba bien. La mala noticia es que cenaríamos sushi, la última vez que comí sushi vomité y me había prometido no volver a probarlo, pero el sexo es la única herramienta de cambio en el mundo.

Llega el viernes noche. Todo enlazado, incluso me he comprado ropa interior. Recuerdo las reglas para que todo vaya bien, sobretodo la de desnudarse con la luz apagada: las sorpresas cuanto más tarde mejor, así no hay tiempo para arrepentirse.
Cuando llego al chalet en las afueras un cabeza yunque que me triplica en corpulencia coge mi paraguas –sí, es verano, pero más raro es que vaya a echar un polvo-, y me acompaña hasta el salón. Enorme salón, una enorme mesa, enormes cuadros...todo enorme excepto los pequeñísimos palillos de madera.

Hipólita me esta esperando. Lleva un vestido blanco de una sola pieza, collar de perlas, sombra de ojos verde…no sé, las típicas chorradas de mujer snob. Un pequeño destello de inteligencia me hace sospechar que esta opulencia no es propia del sueldo de teleoperador, pero debido a las drogas que probé de pequeño soy incapaz de concentrarme en nada importante durante más de veinte segundos, como eyaculador precoz maldigo la sincronía que mi cuerpo ha adoptado con mi mente.
El caso es que siempre, en todas las citas, hay un ¿cómo llamarlo? elemento que se omite para una buena transición de intimidad. A veces es el ex, la diferencia de edad, de ingresos, los niños, el que sea algo de una noche. Pero como el lamentable personaje que soy no puedo evitar carecer de aplomo y disimulo y con voz meliflua soltar:

Rorschach: Mierda: hay una mujer desnuda en la mesa y esta cubierta de comida…
Hipólita frunce el ceño, pero intento –sin éxito- recomponerme.
Rorschach: No, perdona, no es ningún problema, es que ya comí sushi el otro día, pero vamos, que da igual, adelante.

Se sientan los dos frente a frente, su anfitriona no es muy habladora -lo que me ahorra escribir líneas de dialogo innecesarias, además, ya es muy tarde. Intento actuar con precaución, porque no sé cual es el protocolo, ¿evitar el sushi o sashimi de los pechos y del pubis rasurado y eligir un poco del muslo?. Pero ya comprendéis como va esto: ¿Quién cogerá el gran trozo emergente, como la punta de un iceberg, del pubis, quien mojará un poco del liquido agridulce de sus pezones? Me siento como en una reunión familiar en casa de mi novia sin poder dejar de pensar en los videos guarros que su hermana me ha dejado en un pendrive por ¿error?. La ética, el pájaro en mano, el….bueno, de acuerdo, voy directo al pubis, mejor cortar el problema de raíz.
Hipólita parece que disfruta con mi bochornosa torpeza con los palillos: el sushi rueda por la mesa, me mancha el pantalón, embadurna todo el cuerpo de nuestra particular mesa, todo ello mientras intento no solazarme con la desnudez algo pálida –supongo que por el maquillaje- que voy descubriendo poco a poco.

Quince minutos después:
Hipólita con voz sugerente: ¿Has disfrutado...?
Rorschach: Bueno, no sabría decirte, un poco, aunque tú no has probado bocado…
Hipólita: Siempre te veo con libros en nuestro pútrido trabajo, ¿has leído “El perfume”?
R: Sí, claro, una bonita historia de amor…
H: Como la nuestra, he tenido visiones...de los dos juntos, tus palabras del otro día me abrieron los ojos, quiero que utilices tu látigo de esperma conmigo, quiero que me ates, que me alces con dolor, quiero que me devores…que lleves mi cuerpo a sus limites más oscuros.

Me levanto jadeante y le doy un romántico abrazo mientras le froto mi erección: Joder, que epifanía, que momento, adelante, sabía que era un genio y que mi suerte cambiaría…
Hipólita me da un beso extraño, agorafóbico, extenuado de carmín y se aparta: Antes tenemos que terminar la cena. Me entrega un puñal y un machete.
Me río, aunque un cierto nerviosismo empieza a joderme el momento: Umm, ¿no sería mejor una parte de sexo normal antes de empezar con las mutilaciones?
Tres cabezas yunque se posicionan alrededor del salón, un pequeño ejercito anabolizado.
Hipólita: He visto tu interior, ha llegado el momento –se quita el vestido blanco y se queda desnuda, por las heridas de la espalda ha llevado el tema de del Kotori a otro nivel, y el piercing en el clítoris es lo que menos grima me da-; ya esta muerta, has comido sobre su cadáver, ahora termina la ceremonia…
Echo una mirada a mi alrededor: ninguna salida.

R: Mira, te va a sonar extraño pero la idea de romper su caja torácica y comerme su corazón de postre no me llama la atención en…
Hipólita calmadamente empieza a romper los dedos de la muchacha -crack….crack- poseídos ya por el rigor mortis y empieza a introducírselos en la vagina y demás orificios, estaría fascinado sino estuviera tremendamente asustado por la cara de decepción que la esta poseyendo por momentos, es una cara familiar que suele darse después del sexo, pero que ahora tiene connotaciones muy jodidas…


R: …me doy cuenta de que eres muy autosuficiente, y teniendo en cuenta que mi libido ha salido corriendo en busca de un psiquiatra...vamos, que casi soy impotente después de esto…no sé si has leído Misery, pero escribo bastante bien, podrías darme otros usos, no sé exactamente cuales pero podríamos hablarlo tranquil…
A un gesto suyo los cabeza yunque me matan rápidamente, hay mujeres con las que conviene estar a la altura. Mientras me desvanezco recuerdo que hay una versión del nyotaimori con hombres…que putada de cita.

Heart-Shaped Glasses (When the Heart Guides the Hand) by Marilyn Manson on Grooveshark

viernes, 20 de mayo de 2011

A veces me cuesta más escribir un buen titulo que el post en si mismo.

Atentado contra la razón. Escenario: Rorschach, Israel. Vecinos. Les separa un tabique a través del cual hablan.

Israel: ¿Qué tiene tres agujeros y es más inteligente que tú?
Rorschach: ¿Sabes? Desde aquella conversación sobre filias me replanteo seguir hablando contigo, eres como un accidente de carretera: al final reduces la velocidad y tienes pesadillas toda la noche.
Israel:  Intento abrir nuevos caminos para tu gozoso onanismo, dado que estas tan alejado de las vaginas como de un trabajo digno.
Rorschach: Ese vídeo con una séxtuple penetración fue asqueroso.
Israel:  Lo interesante era ver como se colocaban los hombres, era un puto puzzle. El director es un genio.
Rorschach: Tienes los ojos inyectados en semen, deja de chatear en el canal #mazmorra, un poco de fortaleza emocional, busca humanidad para variar, no solo carne de muestrario.
Israel: Me gustan los vídeos inclasificables como tesis de la infinita degeneración humana, mi vocación ante la pornografía es una forma de rebelarme ante la facilidad de la mujer para elegir compañeros acomodaticios.
Rorschach: Puro resentimiento entonces.
Israel:  No es resentimiento, realmente el poder se lo da la naturaleza, la propia pulsión genética, sería como si el protagonista de un libro se quejase de su amargo destino, sin darse cuenta que es el pago por existir.

Rorschach: Deberíamos ir a Sol, comprar un helado a los manifestantes. Me emociono cuando veo tanta gente unida.
Israel:  La indignación por si sola no tiene ningún sentido, hay que enfocarla en algo, no solo en proclamas. Veo mas sentido en una orgia: hay una finalidad, un fin claro y concreto. Incluso para el mirón. Es muy bonito todo esto, como globos de colores ascendiendo hacía el cielo. Pero el deja vu, la sensación interior, es la de estar un fin de año sin nada mejor que hacer que ver una película porno con tus amigos. Hay elementos de éxito, pero es como una deflagración en el espacio: el globo, aunque no lo veas, no sube eternamente y al final cae deshinchado. 
Rorschach:¿Entonces tú no va a votar a ningún partido minoritario?
Israel: Nunca te lo conté pero hace un par de años estuve a punto de suicidarme por una mujer…
Rorschach:¿De verdad? Nunca pensaría que fuer…
Israel: ¡No me interrumpas! La introspección llama a tu puerta, pero solo dura unos instantes. Sí, casi lo hago. Creo que estaba enamorado. Una obsesión punzante, desgarradora. Pero la solución fue encontrar otra obsesión.
Rorschach: Tus vídeos…
Israel:  ¡Si! No me gusta que los desprecies con tu tono, gracias a ellos estoy vivo. Concentro en ellos todas mis obsesiones, creo un producto y finalmente lo disfruto. Una metáfora de la vida. Una metáfora del amor.
Rorschach: Simplemente te dedicas a editar películas porno, a hacer vídeos de cuatro horas con las mejores escenas, ¿consideras que eso es la vida?
Israel:  La vida es una obsesión, da igual si es ficticia o no. La sociedad nos quiere frustrados, la publicidad es nuestro ternero de oro. El amor es una simple ecuación química que nos empuja unos contra otros atravesando puertas de soledad y lujuria. No tiene nada de malo aislarse, no tiene nada de malo controlar tu placer, tu obsesión, tu tiempo. Sin perpetuación, sin impulsos eléctricos nuestro legado es nulo, pasto de gusanos de cementerio. Y, si por desgracia consigues lo que quieres, inmediatamente dejará de importante, la variable es el miedo a perderlo ¿Quieres tener a una persona atada a ti?
Evita las trampas económicas, la descendencia, el matrimonio. Evita la seguridad de la posesión. Decir “Te amo” es el principio del final, es como comenzar un libro. El misterio, la elección sobre otros, la erótica del placer aplazado, todo esto se desgasta ya en la primera página. Puedes anotarlo, releerlo, pero nunca será como la primera vez. Agotado.

Rorschach: Pero si lo tienes tan claro no entiendo porque solo dedicas tu vida a…
Israel:  ¡Cállate! Estoy abriendo mi corazón no necesito replicas. Estos videos, como dirian Velvet Underground en Heroin,“it’s my wife and it’s my life”. Soy demasiado cobarde para otra opción. Al final solo se trata de sobrevivir. El amor es una espera decepcionada. Me aburro a mi mismo, me voy, aun tengo que grabar todas las descargas, seleccionar material y editar al menos media hora de buena calidad. Ya te pasaré el nuevo material. Hay un video de una chica asiática. Lágrimas, semen y maquillaje deslizándose por un rostro prometedor, con esa bola con mordaza en su boca que le impide hablar. Sus ojos lo expresan todo. Su cuerpo violentado por crucifijos en forma de consolador, las cuentas de rosario convertidos en bolas chinas que se han introduciendo una a una sin piedad. Esta contra la pared, con la espalda arqueada, solo lleva unos zapatos rojos de tacón de aguja y se la ve nerviosa, esta esperando. De pronto aparece él, lleva una fusta y…
Rorschach: ¡Por Dios santo!, ¡Para! Aun espero tener una vida sexual normal. Yo también me voy, bajaré a Madrid. Ya hablaremos en otro momento…
Israel: Esta bien, tú te lo pierdes, ahora venía lo mejor. Ya seguiremos….

Something in the Way by Nirvana on Grooveshark