Si el Daniel Dreiberg (Nite
Owl) es un personaje que recuerda, con su disfraz y sus gadgets, al Batman de
Adam West, Rorschach, es más bien el retrato psicológico del término que haría
popular al Bruce Wayne de Frank Miller: un psicópata.
Los pensamientos de
Rorschach y sus acciones nos muestran un ser que cree fuertemente en el
absolutismo y la moral objetiva, donde el blanco y el negro están claramente
definidos y no existe el gris, donde el bien y el mal se diferencian con
claridad y el mal debe ser castigado violentamente. Se aliena de la sociedad
con el objetivo de realizar estos fines; todo estos términos maniqueos quedan
simbolizado en su propio nombre: el test de manchas de tinta, y en su mascara,
que él considera ya, en el presente de la acción, su cara, su verdadero rostro.
La identidad secreta de
Rorschach no representa nada, aunque es cómico verle pasear en los primeros
números con un cartel "El fin está
cerca”. Su nombre es Walter Kovacs, su madre, leitmotiv de su misoginia, era
una prostituta abusiva y cruel. De su padre, a quién jamás conoció, tiene la
romántica fantasía de que trabajaba directamente para Truman y que murió en
combate luchando contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Después de
un incidente muy violento en que se vio envuelto con apenas diez años, los
servicios sociales descubren las condiciones sórdidas en las que vive y le
apartan de su madre.
Pasan unos años y a raíz
del asesinato –suceso real- de Kitty Genovese decide ponerse una mascara y junto a Nite Owl combatir el
crimen bajo los códigos éticos que definen un héroe: arrestarlos y
dejar que los tribunales hagan su trabajo.
Pero la catarsis
psicológica que deviene después no es como la de Nite Owl al superar su
impotencia sexual, o la del Dr. Manhattan al recobrar el interés por la
existencia humana a pesar de su omnipotencia, en Rorschach las condiciones de
su patética y violenta infancia ni siquiera son suficientes para prepararlo al
vistazo del abismo de Nietzsche: la maldad no son maquiavélicos planes de
supervillanos, la maldad simple y llana es una persona que rapta, viola,
despedaza y da de comer los huesos de una niña de tan solo seis años a sus
perros, sin escrúpulos ni sentimientos de culpa, esas situaciones que nos
esforzamos de forma pragmática en llamar perversiones u anomalías de gente
enferma para poder seguir viviendo en nuestra burbuja de normalidad, son las que
él se ve incapaz de ignorar, el nihilismo le supera, no hay expiación, ni
siquiera por un Dios que no existe, ser testigo es lo mismo que perpetrador, y
es esa lógica básica la que arrastra a Kovacs a convertirse en Rorschach,
cruzar la línea y matar a ese violador.
Moore y Gibbons llevaron
hasta el final las consecuencias de una postura ética extrema; cogen los pocos
elementos salvables de Taxi Driver –película sobrevalorado, entre otras cosas
porque nadie entendió su crítica a la sociedad americana ni su final-, y con
talento, mucho talento, emergió un personaje eterno. Frases como “Jamás me rendiré, ni ante el apocalipsis”,
o ese momento brutal, cuando está en la cárcel acosado por todos los delincuentes
que ha encerrado y dice: "Ninguno de
vosotros lo entiende. Yo no estoy encerrado aquí con vosotros. Sois vosotros
los que estáis encerrados aquí conmigo“ son un claro ejemplo.
Quizás por eso da la
sensación de que, a pesar de todo, Rorschach es el verdadero héroe moral de la historia,
y por eso emociona tanto el clímax final, lleno de simbolismo, cuando se quita
la mascara y se enfrenta al Dr. Manhattan.
¿Qué importa un cadáver más entre los cimientos?
Hace dos años, cuando
decidí abrir el blog, el primer problema que tuve fue encontrar un alias, un
nombre que representase desde el anonimato algo importante para mí; pero lo
resolví fácilmente, a fin de cuentas, escribir, es también ponerse una mascara.

