Las musas se ahorcan en la playa de mis ojeras, otra forma de decir
que estoy cansado. Debería llamar a alguien pero prefiero no decepcionarme. No
es exactamente estar triste y cachondo a la vez –combinación insana-, más bien
son conatos fugaces de. Explicarlo es
complicado, la exposición devora la honestidad y al final se tiende a crear
pavesas de ridículo sobre el papel.
¿Quizás masturbarse pueda paliar los efectos secundarios de la vida? Cierro
los ojos y Numen me toca con intención de puta, como una flor mórbida que
recita versos pero te mira con ganas de chuparte la Polla. Aúlla con
delicadeza, mezcla metáforas con balas de plata, susurra el lenguaje de las
olas.
Los semáforos parpadean como nudillos gastados, como un cigarrillo que
se enamora del aire y sucumbe al fuego, amores con forma de paracaídas que
luego disparan a la cabeza, ¿te gustaría lamer los restos de mi cerebro? Saben
a tinta, semen frío, caricias falsas, sujetadores desleales, cortinas de
terciopelo ardiendo, té negro, petricor, palabras mudas con haches
intercaladas, huidas compartimentadas...
¿Estás enamorada, lubricas lo suficiente? Permíteme explicarte qué es
el amor mientras te follo fuerte y duro en el suelo de tu cocina. No te
preocupes, nada importa, las palabras son tan inasibles como el sentimiento, lo
efímero es tan voraz en su inanidad como mi orgasmo deslizándose cabal por tu
cara, como el ruido de una cisterna en mitad del poema, como el alcohol
empañando la realidad de un delito de ausencia.