martes, 16 de febrero de 2016

El olor de los muertos no es un perfume civilizado.

Mi ex se creía poeta y me dejó dos mensajes
Aprisionados con un imán en la nevera
Leerlos es como acunar una bolsa llena de cadáveres
El amor es un nadir de azúcar: veneno y guerra celular
Nos arrastramos por un gramo de amor, por tres dosis diarias
Nos volvemos gordos y ansiosos, adictos al fracaso y las endorfinas

Prefiero hablar con otros a través del teclado
Jugar con sus ambiciones, teclear promesas
Susurro: sé abrirme de piernas. Y se les pone dura
Tecleo: sé sufrir sin romperme. Y hacen planes para sodomizarme
Grito: quiero matarme. Y se sienten dioses
Juego a la niña desamparada, a la niña rota, a la niña puta

Ellos vienen y abrazan mi yo congelado
Me hacen tragar su sudor, su amor torpe y blanquecino
Pero nunca es suficiente, todos fracasan
Confunden matar con follar
Miserables pollas fláccidas
No consiguen quitarme la ceniza de los ojos

Cuando me quedo sola
Limpio la sangre reseca con papel higiénico
Y un poco de saliva
Voy a la cocina
Echo tres cucharadas de azúcar al café
Y vuelvo a leer los mensajes.