domingo, 29 de noviembre de 2015

"¿Eres de los que van a votar el próximo 20D o pasas de ello?"

Me cuesta respetar el rollito anarquista y las campañas abstencionistas, defienden que la democracia es un fiasco, y en una especie de rapto de lucidez su única solución es no votar, salir a las calles para organizar huertos urbanos y comunas hippies donde defender con profundos pero estériles discursos los derechos y la libertad de cada individuo. En el único momento de la historia en que esas ideas anarquistas han funcionado fue durante la Guerra Civil Española en Cataluña; y años después muchos de aquellos líderes anarcosindicalistas se lamentaban de no haber intervenido en la logística del poder porque quizás no se hubiera perdido la guerra y no hubieran sufrido cuarenta años de dictadura.

Nuestra democracia no es perfecta, pero antes de ver demasiadas veces Fight Club y pensar que hay que volar edificios, o mejor aún, no hacer nada, ¿no sería mejor votar, ser proactivos, intentar cambiar las cosas desde dentro, informarse? Algunos dicen que no, que eso sería absurdo, que la democracia –y la ley electoral española- ya están demasiado viciadas por el neoliberalismo y la corrupción de sus líderes. Y está claro que nadie está contento con ello. Pero tampoco demonicemos a todos los políticos. Hay gente que quiere trabajar por el país, gente decente, Ada Colau y Carmena, ¿son personas sospechosas de meterse en política por intereses personales? ¿Las mareas blancas y su defensa de la sanidad universal, los jueces que llevan a pesar de todas las presiones los juicios adelante, los funcionarios que denuncian desde los ayuntamientos? Hay mucha gente que quiere cambiar este país y no sale en televisión.

Está claro que nuestra democracia es mejorable, al igual que la ciudadanía, los medios de comunicación, la forma incluso en que vivimos en nuestras ciudades, pero precisamente es un acto de libertad individual implicarse y votar. La política interviene en todo. Desde el precio del pan, hasta el derecho -hasta ahora inalienable- de tener una sanidad, educación y pensiones gratuitas. Interviene en los impuestos que tienes que pagar hasta el sueldo que vas a cobrar -y las condiciones- de tu próximo trabajo. La política lo es TODO es un país. Y mientras sea así, nuestro deber es sanearla, ser exigentes e informarnos. Precisamente es la abstención en España lo que está permitiendo a la derecha perpetuarse, la dejadez y la falta de interés en lo que impide que haya un cambio político y una izquierda real gobernando. Lo cual es un fracaso brutal para una sociedad que ha vivido una dictadura.

Yo no voy a pedir que votéis a Podemos, pero sí que os leáis los programas políticos de los cuatro partidos principales y elijáis. Votar es imprescindible si queréis algún cambio. Y más ahora. Sino votáis saldrá de nuevo el PP, y si echáis la vista atrás a todo lo que ha sucedido en cuatro años, ¿pensáis que no os va a afectar las decisiones que van a tomar en los próximos años?

Revisarán de nuevo la ley del aborto, quieren endurecer la Ley mordaza en las redes sociales para que, por ejemplo, no se puedan publicar cosas demasiado “subversivas”, quieren imponer el contrato único, quieren acabar con el estado del bienestar privatizando sanidad, educación y promoviendo las pensiones privadas. Esto creará una enorme desigualdad social, se disparará la delincuencia, y en la misma medida la opresión policial. No me estoy inventado nada: ya ha sucedido en otros países. Y vosotros todavía preguntáis si voy a votar, joder, la duda es, ¿por qué no hacerlo, que alternativa tenemos, vivir de okupas, escribir proclamas en contra del neoliberalismo? Pues bien, yo entiendo que la sociedad se cambia poco a poco, que no hay atajos, que es necesario un avance participativo, y quizás, más adelante, cuando todo el mundo sea consciente de la importancia de su voto, ir más allá.

Pero, ¿cómo conseguir algo así cuando ni siquiera somos capaces de exigir referéndums en cosas tan importantes como apoyar o no la guerra a Siria, subir impuestos, o leyes que coartan nuestra libertad personal? Nos creemos clase media y solo somos clase obrera sin ningún tipo de solidaridad ni de unión. Hemos entendido democracia y libertad como un mero simulacro de comodidad. Pero ya va siendo de participar. Y no digo que solomente haya que votar cada cuatro años. Hablo también de participar activamente en movimientos sociales, sindicales o vecinales para mejorar la situación de cada calle, barrio, pueblo, ciudad… pero no veo nada incompatible hacer las dos cosas. No votar –al igual que el voto nulo o en blanco- es seguir votando al PP, al bipartidismo, y seguir perpetuando un sistema que, no nos engañemos, no hay otra forma de cambiar. Al menos claro que hablemos de volar edificios, pero claro, eso solo funciona en las películas. Algunos parecen que siguen escuchando a los Pixies en bucle. Una lástima.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cataluña: a seis días del estallido.


Quien escuche a Gabilondo sabrá que la deriva independentista lleva años fragúandose, los últimos años bajo el efecto del marianismo, es decir: no hacer nada y dejar que todo se solucione solo. Sin embargo en esta vez esta táctica lo único que ha conseguido ha sido empeorarlo todo creando un escenario bastante surrealista.

Junts pel sí había avisado de que si obtenían mayoría de diputados, aunque fuese por uno, harían una declaración unilateral de independencia, incluso si no lograban mayoría de sufragios. La CUP, por su parte, considera imprescindible obtener la mayoría de votos para que el proceso sea legítimo. Un ciudadano, un voto, que es lo contaría si se tratase de un verdadero referéndum en lugar de unas elecciones autonómicas convocadas en clave plebiscitaria. Naturalmente no han cumplido su palabra: el grupo no independentista sacó más de cien mil votos de diferencia en las elecciones del 27 de septiembre, todo ha seguido adelante. Ahora se dice que el 9 de noviembre se va a votar el inicio del proceso de secesión. La insubordinación del Parlament contra la ley. Van en serio sin mayoría parlamentaria. Me comentaba Tamara que echa de menos en los medios, en internet, en las redes sociales, algún catalán que diga: “eso es una locura, esto no lleva a ninguna parte” solo se ven esteladas, y grandes proclamas de independentismo, pero, ¿y los que no piensan así, dónde están, tanta presión social existe que no se atreven a decir nada?


Mientras tanto la familia Pujol Corleone sigue libre cambiando el dinero de paraíso fiscal, Artur Mas y Convergencia siguen investigados por sus tremendos casos de corrupción –con unas similitudes brutales con PP-Bárcenas-, el paro sube más de ochenta mil personas, la Generalitat comunica a las farmacias que ya no tiene dinero para pagar fármacos, acumulando 300 millones de deuda, etcétera, etcétera. A Rajoy le viene bien todo esto, excelente cortina de humo para no hablar de su propia mierda, reduciendo el juego político a la ruptura de España, a dos bandos: patriotas y secesionistas. Un juego que viene muy bien también a Ciudadanos que ve cómo va ganando votos y disputa el segundo puesto en intención de voto al PSOE. Auguro cuatro años de neoliberalismo rancio de la mano de un acuerdo PP-Ciudadanos si esto sigue así.

Y Podemos en caída libre, desgraciadamente se ha creado la tormenta perfecta para ellos. Por un lado toda la campaña de los lobbies mediáticos de la derecha ha hecho mucho daño, aunque también han sido muy torpes en algunos momentos, como con la declaración complementaria de Monedero. Y aunque su pedagogía política ha servido para tener a Ada Colau, Carmena, Kiqui, las mareas en Galicia… han perdido parte de su radicalidad y frescura, ya no están de moda. Y después de su batacazo en las catalanas, ahora en las elecciones generales se vuelve a polarizar todo en Cataluña, donde tienen un discurso neutro y apaciguador –en contra de la independencia, a favor del referéndum-. Y por último se han negado a formar una coalición ciudadana con Alberto Garzón, lo cual finiquita las aspiraciones de una izquierda real. Desmoralizante.

No sé qué va a suceder. Todo parece un pulso, una partida de póker donde cada uno va de farol, pero, ¿y si ya estamos en la última jugada? Suspensión de autonomía y la guardia civil en las calles lo que provocaría disturbios sociales de gran calibre; o concierto económico catalán y más competencias lo que conllevaría un estado federal discriminatorio de facto, ¿cuál es el futuro que nos espera? Nos rodea mierda de todo tipo: desnutrición infantil, la mitad de los parados sin ningún tipo de subsidio, oligopolios de eléctricas y petroleras, precariedad laboral, desigualdad social, miles de refugiados muriendo en las fronteras de Europa, una crisis que es una gigantesca estafa a la que nos ha sometido un capitalismo en pleno colapso a través del fraude bursátil y la especulación. Pero estamos resignados, entumecidos, “Un tonto sigue un camino, el camino se acaba y el tonto continua”, pensando en banderas, en patrias... ¿Cuándo, y esto vale para todos, empezaremos a pensar en las personas, en defender nuestros derechos y en ese otrora estado del bienestar que teníamos como inamovible?

Cicatriz - Sara Mesa "Echar de menos un instante es echar de menos a aquel que éramos entonces."

Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente… exhaustivo». Su necesidad de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse. 

Una historia de humillados y ofendidos, frente a felices que pretenden disfrutar gratis del amor, sustraerlo al mercado, como si amar no fuese otra forma de poder adquisitivo, de desigualdad. Una novela ágil, de reflexiones brillantes, centrada solo en sus dos protagonistas –los secundarios quedan desdibujados-, en un contexto de relación a distancia, de idealización y putrefacción del amor platónico, de fetichismo y soledad. Tiene solo doscientas páginas, pero es un claro ejemplo de novela con alma, de esas que te hacen reflexionar. Recomendable. 

"...mi relación contigo es una forma de rescatar esa existencia que no tuve. Llevar adelante un plan de escritura conjunta representaría, de alguna manera, el rescoldo sentimental de esa añoranza."

"También persisten la tristeza y los vaivenes. La soledad, a ratos, muerde con insistencia. Sonia ha cumplido treinta años, puede mirar hacia atrás y descubrir tras ella un camino enroscado, sinuoso, en el que ya no es capaz de atisbar el lugar de salida."

"...fabula la escena dando infinitud de rodeos: es capaz de escribir un largo párrafo para detallar cómo se le tensan los músculos de un muslo, pero despacha, con una simple evocación, el resto. Todo es delicado, vaporoso y, al mismo tiempo, profundamente perverso."

"Él recuerda cada día la escena. La luz del distribuidor, sutil, amarillenta, envolviéndolos. El polvo en suspensión. La belleza en medio de la sordidez, deslumbrante y desafiante, consiguiendo vencer la suciedad, con todo lo que a él le asquea. Aquel silencio: sólo rumor del tráfico, amortiguado, en la distancia. Ella estirando los brazos para cambiarse. Sus brazos tan blancos, las axilas tentadoras. La curva del pecho, sostenida por aquel sujetador de encaje, las copas con tres telas diferentes, el brillo de la seda. También estaba la cicatriz, tu fea cicatriz. Te la vi, te lo dije, luego me arrepentí. Ahora me doy cuenta de cuán significativa era esa señal. Ni más ni menos que la constatación de una realidad que yo me empeñaba en disfrazar."