martes, 18 de agosto de 2015

La tristeza parece educada si se vive en soledad



Canal YouTube Tamara Blue
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Las estrellas siguen pudriéndose allí arriba mientras la vida sigue con su milagro y su castigo. Soy un útero de tierra sucia. Un estómago que pasa hambre. Unos pulmones infectados por el fango de la hemorragia sentimental. Sonrisas que tienen vocación de flor rota y herida y que echan de menos el líquido amniótico. Nuestros latidos son una vieja canción de guerra, ¿te conmueve? Yo prefiero idealizar el desgarro y sobrevivir un día más. Tengo alas de insecto corriendo por mis venas por masticar la mente reseca y hambrienta del amor. Nacemos para reproducirnos, no para ser felices, ¿arroparías a una grieta, le darías calor con tu cuerpo? A veces tengo la sensación de que solo escribo para cubrir la distancia entre mi miedo y yo. No soy ilusa: la empatía es la primera vía de contagio. La tristeza parece educada si se vive en soledad, si no salpicas a nadie con tus excesos.

Nunca he querido ser poeta, solo necesitaba ser amada. Que el amor rompiera mis huesos hasta llegar a mi mente, a mi médula, a la sangre, y se disolviera en todos los rincones que tiene y debe penetrar. La nevera sigue con su ruido, obsesionada por congelar su interior vacío. Perfecta metáfora del amor que siento por tu ausencia. Porque mi amor no perdona errores. Mi amor no me deja ser libre. No me deja masturbarme pensando en otros. Mi amor no me coge el teléfono ni responde a mis mensajes. Mi amor es un arlequín de guiño bipolar, un cuervo graznando entre el escote de las nubes. La noche desafía mi oscuridad y me coge fuerte de la mano, las mariposas de mi mente siguen jugando entre pavesas. El resto es silencio.