miércoles, 25 de junio de 2014

Una única muerte es una tragedia. Un millón de muertes es una estadística.

Uno de cada cuatro niños en España pasa hambre. Un informe de Unicef asegura que en España 2,3 millones de niños viven bajo el umbral de la pobreza. Sólo se destina el 1,4% del PIB a políticas de protección social mientras la media de los 28 países de la UE es del 2,2%; somos el segundo país por detrás de Grecia, que peor lucha contra la pobreza infantil. Entre las causas: que el número de hogares con niños con todos los adultos desempleados se ha triplicado desde 2007 y ya se acerca al millón. Existe la propuesta de que haya una ayuda universal por hijo de 1.200€ anuales, como tienen en muchos países europeos, pero el PP niega el problema. Incluso rechaza abrir los comedores de los colegios en verano porque: “no quiere dar una mala imagen de España” Se quitan el problema de encima, como si sólo fuera responsabilidad de las ONG procurar con sus bancos de alimentos que nadie pase hambre.

Con el aforamiento de don Juan Carlos si hay prisa, incluso la necesidad de una enmienda que permita la retroactividad de este procedimiento, de tal forma que si hay demandas de paternidad u otros procesos en los tribunales antes de que se haga efectivo el aforamiento se tendrán que suspender para remitirlas inmediatamente a la sala competente del Supremo, que ya sabemos cómo funciona. La típica Monarquía medieval, repugnante, que retrata al PSOE en su tibieza vocacional de la abstención.

Ayer también nos enteramos que Cañete (PP) Valenciano (PSOE) y Meyer (IU) tienen fondos de pensiones en Sicav (Sociedades de Inversión de Capital Variable), una de las formas de evadir impuestos para las grandes fortunas –entre otras cosas porque necesitas un capital mínimo de 2,4 millones de euros. Así son los representantes de los grandes partidos, los cabeza de lista en las últimas elecciones europeas, el PPSOE son la misma mierda, casta, burócratas sin la mínima vocación patriótica por intentar levantar el país. Solo quieren dinero, un plan de pensiones privado y poder meterse en algún consejo de administración privado en pago por los “pequeños” favorcitos que han forzado desde el Congreso.

Otros temas: Gallardón confirma la privatización del Registro Civil; también quiere aprobar la ley del aborto este viernes fruto de los acuerdos con los estamentos religiosos más reaccionarios. Todo esto en un país aconfesional. El Tribunal de Cuentas, organismo encargado de fiscalizar a los partidos políticos y a los organismos públicos, alberga en su plantilla de poco más de 700 trabajadores, a casi un centenar de familiares de altos y ex altos cargos de la institución y de sus principales representantes sindicales, en especial de UGT. Esto supone que aproximadamente el 14% de la plantilla tiene vínculos familiares dentro de la institución, y cerca del 10% tienen vinculaciones con altos y medios cargos.

Y para el final dejamos la reforma fiscal, sube al 21% el IVA de los equipos médicos, el instrumental sanitario y los productos farmacéuticos, ya no hay desgravación por el alquiler de una vivienda, se incentivan los planes de pensiones privados y por último la indemnización por despido tributa a partir de 2.000 euros por año trabajado, lo que quiere decir que además de perder el trabajo parte de tu finiquito irá a los bolsillos de nuestro querido ministro de hacienda. Da igual la lectura que hagas de fondo, al final es un simple parche político de cara a las elecciones del año que viene. Después, como ya hizo Rajoy en el 2012, vendrán las subidas de impuestos y el definitivo recorte social que exige Bruselas.

El país está en manos de unos, por usar palabras elegantes, sinvergüenzas sin escrúpulos. Todo lo que he contado son solo noticias de ayer, cada día suceden cosas, nos han vendido la idea de que la democracia sólo es ir a votar cada cuatro años y luego volver al fútbol, al bar, a la red social, y hacer chascarrillos sobre la torpeza de unos y otros. No es así. Despierta. La política afecta a toda tu vida, a la vida de tus padres, de tus hijos, lo es todo: subsidios, sanidad, educación, el precio de la comida, la posibilidad de abortar con libertad, o de tener derechos laborales para no convertirte en un esclavo moderno. La única manera de parar la desmantelación del estado del bienestar es alentar tu pensamiento crítico, leer medios independientes, periódicos digitales y no dejar que te ninguneen con demagogia y mentiras. Creer en la política y entender la importancia de votar. Para mí la elección está clara: Podemos, el único partido que parece entender que estamos en una dictadura de facto y que la forma de volver a la democracia es con cambios radicales de discurso, con hechos, con politólogos que no busquen un sueldo sino trabajar para los ciudadanos. El quietismo no soluciona nada.

Leí hace poco un artículo sobre la teoría de la no-acción social, refiriéndose a que el pensamiento racional bloquea la empatía, de tal forma que hablar de millones de niños pasando hambre no nos afecta tanto como el hecho de ver a un solo niño pidiendo dinero para curar su enfermedad. El resumen sería la famosa frase de Stalin: "Una única muerte es una tragedia. Un millón de muertes es una estadística". Por eso te pido que mires a tu alrededor con atención, busca esas caras. Y ahora hazte la siguiente pregunta: “¿quiero cambiar algo?”

15 - A galopar by Attaque 77 on Grooveshark

sábado, 21 de junio de 2014

Las puertas del zoo están abiertas y parece que nadie quiere escapar.

Es mejor escribir de noche. Sin luz. Sin obligaciones o interrupciones. Con una botella de vino y unas cervezas. La soledad también ayuda. Pero, ¿de qué sirve filosofar tanto, mancharnos los dedos de tinta y dioptrías, si luego la necesidad de dinero aúlla, nos esclaviza señalando la nevera vacía, las facturas por pagar?

Pero a pesar de ello me infantilizo, me dejo arropar por la musa de ojos salvajes, obvio mis preocupaciones y empiezo a escribir. Sin más intención que el borrón y la cuenta atrás. Podría pudrir un relato sobre esa chica solitaria del autobús a la que nunca me atrevo a abordar. Romper la rutina. Hablar. Flirtear. Después de cenar y pasear insulsamente por Gran Vía culminar todo en un breve polvo en su portal. Pero no quiero aburrir con tantos lugares comunes, prefiero seguir imaginándola como una amante del bondage que mira al infinito pensando en el sabor de su último sumiso y que no quiere -ni necesita- salvar a nadie.

Las mujeres y sus coños. Necesito sacar la bestia púrpura de su escondite y jugar con ella. Masturbarme hasta la extenuación. Hasta que las agujetas sangren mis sinapsis. Hasta más allá de la explosión blanca. Hasta que lo sórdido me haga aborrecer los cuerpos, los flujos, las palabras, las imágenes y sólo quede un pequeño terror sordo detrás de la nuca que ahuyente todos los puntos suspensivos que esperan su turno detrás del reloj.

A fin de cuentas el amor es correrse demasiadas veces con el mismo idiota. Besar tus rodillas después de. Tener tanto miedo al fracaso que decides enlodarte en él como si fuera tu único hogar. Bukowski siempre tenía razón a pesar de estar equivocado: emborracharse, follar mucho, perder algo romántico e irreal cada viernes por la noche y luego exhibir la tontería supurante que nace de la insatisfacción emocional –y existencial- como si fuera un neón atrayente ansioso de público. Sois más listas que todo eso. Por eso deberíais de leerme desnudas. Gemir alto y sucio. Amar con exceso y olvidar con prontitud.

Por desgracia todavía hay luz, mis obligaciones laborales me reclaman. Luego, de madrugada, con tres, cuatro, o quizás veinte cervezas en el estómago, sin más paliativo que mi mente nublada, podré por fin descansar y decir algo coherente sobre cualquier cosa importante que necesitemos destrozar antes de que el mundo nos agote del todo.

Tango suicida by Extremoduro on Grooveshark

jueves, 19 de junio de 2014

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Hace tres años y medio comencé a pulular por aquí. Tanto tiempo. Supongo que nada ha cambiado. A veces tropezamos con una grabación de voz o de vídeo en la que aparecemos y nos sorprende un pasado sin maquillaje. Y es que al recordar tendemos a un teatro de sombras chinescas, interpretamos, adaptamos, censuramos, exageramos, lo convertimos todo en una cueva de Platón neuronal.

El rey abdica y nos colocan a otro papanatas en su lugar. No hay referéndum. Vivimos en otra dictadura creada a nuestra medida, la mediocracia, la propaganda política ejercida por los medios de comunicación, dirige nuestra intención de voto, nuestro sentido común. Vemos a Francisco Marhuenda, a Inda, a Alfonso Rojo, a cualquiera de esos perros mediáticos de la derecha, y parece que somos listos al darnos cuenta de la trampa. Pero luego no hacemos nada, nos limitamos a escribir alguna entrada furibunda, a dar a “me gusta” en Facebook. Los caciques tienen el poder desde hace décadas y sin embargo la abstención crece. Nadie se informa realmente, ¿quién se ha leído el programa de Podemos, cómo van a cumplir todas sus promesas? No hay revulsivo más allá de la indolencia. La política mueve un país, decide cuánto vale una barra de pan, si hay educación y sanidad gratuita, si vas a tener pensión… pero no hacemos nada. Eso sí, lloramos y nos enfurecemos cuando “la Roja” deja de menstruar y pierde el Mundial. Sublimar éxitos y batallas en la simpleza del deporte es el «Panem et circenses» moderno.

Todos somos hábiles en nuestra coartada. Nos dan lo justo para que no luchemos, para que sigamos con miedo a perder ese “poco” que nos hace efímeramente felices, carne de cañón de centro comercial y tarjeta de crédito. Qué importa el anhelo. El orgasmo. El ideal. El arte. La inteligencia.

Estoy tan embrutecido que ya ni siquiera leo: simplemente respiro, me alimento y disfruto de la nada y del alcohol. La falta de tiempo. La falta de pasión. Oh, sí, quizás ya me he convertido en un alcohólico sin mente, al estilo del protagonista “True Detective” y de algunos relatos de Bukowski. Pero hiere. No me refiero al alcohol: él es un amigo diáfano y clarividente. No. Me refiero a la nada. A la nada total y absoluta. A vivir, porque aún quedan unos años, sin rastro, sin sentido. Somos polvo de estrellas. También cucarachas. La oportunidad de singularidad la perdemos poco después de la adolescencia. El capitalismo alienante. Homo homini lupus. Quizás seamos un virus, cuanto más documentales veo más claro lo tengo. Destruimos a nuestro entorno y a nosotros mismos en el proceso.

Me gustaría escribir algo todos los días. Fragmentos de una mente manchada de cerveza. Pero siempre hablaría de lo mismo. Y sería tan aburrido. Por eso he quitado los comentarios. La notoriedad está sobrevalorada, deberíamos buscarla en nuestro interior.

Ya sólo queda hacer algo de cena, ir al trabajo y escuchar el ruido sutil de las neuronas quebrándose lentamente a mi alrededor durante ocho largas horas.

In der Palästra by Sopor Aeternus & The Ensemble Of Shadows on Grooveshark

martes, 17 de junio de 2014

Y cuando al fin te transformes en oleaje dejaré sobre tu piel, como regalo de despedida, un corazón de semen y mis alas de viento.

La madrugada es un vulgar misterio de ventana iluminada. Pero el público sigue siendo el enemigo. Un ejército de cervezas de nombres ampulosos me rodea: Sputnik. Mort Subite. Judas. Todo para nada. Las cosas hieren y fornican entre espejismos de silencio. Madrid es una puta sifilítica, su vientre abierto en canal, huestes de antidisturbios, empresarios y políticos golpeando nuestra dignidad. La madurez es luchar. Pero, ¿cómo hacerlo cuando eres un eunuco existencial? Anquilosamiento. Quietismo irreflexivo. Onanismo irracional. La historia de un idiota contada por él mismo.

Jim Morrison ríe en su tumba porque comprende lo incomprensible de morir joven y no querer ir más allá. The End como toque de queda. Sin pájaro azul. Sin Dostoievski haciendo girar la ruleta. Sin los cuervos de Poe. Las heridas tienen nombre de cuco y veleidad. Todos erramos el tiro. Excepto Hemingway. Puedes elegir que el miedo sea tu estandarte de fingida singularidad. Declamar sobre la supervivencia del menos apto con la rígida y ridícula coartada del arte. Beberte tu futuro mientras esquivas el reflejo del espejo en el cubo de basura.

Releo La Náusea de Sartre. Esa extraña lucidez en los últimos capítulos, cuando el protagonista está en la cárcel viviendo de recuerdos. Los escritores son seres extraños. Emily Dickinson y Emily Brontë vivieron aisladas, sin amores conocidos, sin embargo su obra es pasional y abrasiva. Incluso la decadencia requiere un poso de pasión. Escribir es acercarse a la herida. Paladearla. Observar como las sombras fornican entre sí. Pagar el peaje del grito. Del vómito.


Ven aquí
Deja de jugar al escondite
Ayúdame a componer un réquiem
De vaho despeinado
Déjate llevar y baila conmigo sobre la hoja del cuchillo
Quiero violar tus dudas
Esconder la bufanda de nubes negras
Que siempre llevas empapada
De efímeros y puntos suspensivos.

Ven aquí
Mirada de jardín
Oasis de enredadera
Dibujaré rayuelas de saliva sobre tu cuerpo
Y cuando al fin te transformes en oleaje
Dejaré sobre tu piel
Como regalo de despedida
Un corazón de semen
Y mis alas de viento.

Feeling Good by Nina Simone on Grooveshark Wicked Game by HIM on Grooveshark

lunes, 2 de junio de 2014

...adelante, adelante, adelante, cargad con vuestras bayonetas de plomo, aullad, no queda más que eso, nada importa, todo sigue girando en su eje podrido y oliendo a quimera frígida.

Sé que acabaremos en la cama en cuanto hablo con ella por teléfono. El hedor de la soledad compartida. El coqueteo en el timbre de la voz. Me la imagino tocándose el pelo mientras ríe por mi broma procaz. Somos patéticos. Pero somos. Y ahora que vuelvo a estar solo el trámite del luto aguerrido y responsable no me parece la mejor opción, quiero sexo, echar un polvo. Y ella también. Sólo tenemos que concretar los detalles. Cuándo. Dónde. Qué marca de cervezas.

Ella es más guapa de lo que pensaba. La conversación fluye. Pero noto un sutil aburrimiento, el olor rancio de la pantomima. Intento disimular. Terminamos las bebidas y subimos. Ni siquiera nos tocamos en el ascensor. Se nota que no suele hacer esto a menudo. Entramos en la habitación, ella se sienta en la cama y mira a su alrededor. La estoy decepcionando, necesita que sea yo quien lleve la iniciativa, el patriarcado cultural y sus secuelas. Me siento a su lado y acaricio su espalda. La miro, nos besamos. La libertad del momento empieza a excitarme, nos desnudamos poco a poco, como si quisiéramos observar la escena desde fuera. Ella verbaliza lo que ya he intuido: es la primera vez que hace algo así. Hago una broma, el ambiente se distiende, me sirvo una copa del mueble bar, ella se mete en la cama. El sexo es algo rudimentario, una tosca necesidad impuesta por la naturaleza. Pero podemos convertir el desasimiento en arte, trascender en el placer todo nuestro condicionamiento.

Jugamos en la cama, está muy excitada. Marta me agrada pero me doy cuenta que no tengo ganas de follar. Quizás estoy deprimido, quizás necesitaba sentirme deseado, ratificar mi existencia, sentir que no soy invisible. Ella nota mi titubeo, pero el alcohol alienta sus necesidades y empieza a chupármela. Eso es algo que me encanta, incluso más que follar, como un resorte refuto mis dudas y empiezo a follarme su boca. Quizás hace una década se quejaría, pero ahora ve normal el abuso, estar rodeados de tanta publicidad con ese hálito a pornografía blanda nos hace más proclives a asumir que el sexo duro, caníbal, cosificador, es lo normal, e incluso lo exigible. Lo sé: divago demasiado.

Estoy a punto de correrme y la obligo a parar. Empiezo a besarla y bajo hasta sus muslos, me acomodo y empiezo a estimular su punto G mientras le acaricio con la lengua el clítoris. Lo del squirting es gracioso, la mayoría de las mujeres ni siquiera saben identificar más allá de “molesta sensación de querer ir al baño” lo que, con un poco de paciencia, puede ser el mejor orgasmo de sus vidas. Me tomo mi tiempo, no creo que pueda conseguirlo a la primera, pero ahí llega el premio, esas pequeñas sacudidas, su mano agarrándome del cabello, como arquea la espalda. Sí, sí, . Su orgasmo me baña los dedos de amor y dopamina. Pero mi generosidad tiene un precio.

Empiezo a follármela intercalando penetraciones lentas y cálidas con otras más bruscas mientras le aprieto el cuello con fuerza. Caricias. Dolor. Sumisión. Placer. La belleza está en el cerebro y en la improvisación del juego. Marta responde bien. Me animo, le sujeto las manos por encima de la cabeza y empiezo a follármela con brutalidad. Quiero que mi lenguaje le hiera y le excite a la vez. La obligo a sentirse como una pequeña puta indefensa. Usada. El placer es una buena coartada para los dos. Las roles fluyen: la puta y el cliente, la zorra que necesita una lección, la mujer a punto de casarse mientras los invitados esperan en la habitación de al lado, la sumisa que suplica atenciones. Violentada. Abusada. Huérfana. Cuando ella se pone arriba los roles cambian. Ella es la reina y su coño es ley. Una bella dominatrix que exige y esclaviza a su puto con sadismo.

La carne como campo de batalla, sus pezones golpeando mi boca, sus manos abriendo surcos de violencia en mi piel. Me la follo por detrás sin importar nada, mi polla es un cuchillo que nos asesina en cada embestida. Tiene que haber pasión, odio, amor, sinergia. Todo consensuado pero mutando los limites preestablecidos para violentarlos y difuminarnos en ellos.

Me corro. Ha sido casi perfecto. Casi. Ahora ya no es necesario nada más, todo sobra. Soy un fantasma que atraviesa su carne y desaparece. Estoy castrado. Eunuco. Nos dedicamos unas palabras. Nos duchamos. Marta parece feliz. Quiere seguir engañando a la muerte intentando cortejar las migajas que estén a su alcance. Me parece bien. Nos despedimos con ridícula cortesía. Antes de que doble la esquina ya estoy bloqueando su número. Quizás ella esté llamando a su marido para saber si va a recoger a los niños a la guardería. Los caimanes siguen cantando. Las amapolas de mi pecho están muertas. Alguien brinda sobre los restos de una palabra herida, adelante, adelante, adelante, cargad con vuestras bayonetas de plomo, aullad, no queda más que eso, nada importa, todo sigue girando en su eje podrido y oliendo a quimera frígida. El párrafo se muere y yo no puedo hacer nada por evitarlo.

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