jueves, 13 de marzo de 2014

No huelo a jazmín sino a catástrofe. Voy armada con un equipaje de suspiros, dos semáforos en rojo y un arma que apunta inmisericorde a mi coño/trinchera.

Saliva. Sudor. Flujos. Todo mi cuerpo supura vodka rojo. Alcohol violando mis venas en un vals de efemérides. Él es un poeta de cloaca. Quizás ni siquiera eso. Un gilipollas. Un idiota atado a ideas anacrónicas sobre el trabajo, la mujer y la vida. Pero tiene una enorme y venosa polla. No me dice tonterías. No me quiere convencer de ningún plan posterior. Solo quiere follarme. Como una muñeca hinchable. Como un trozo de carne que no merece ningún respeto. Y es eso lo que necesito. Lo que me excita. Sin que por ello tenga que convertirme en el paradigma de una sociedad enferma. En la conclusión lógica de unos padres fríos y lejanos. Sólo es mi sexualidad sin corsés buscando con curiosidad nuevos lugares de placer y choque.

Da igual. Aquí viene mi príncipe azul. Alto. Musculoso. La polla desbordando sus pantalones. Horas de gimnasio macerando un cuerpo perfecto. Juguemos a la fricción de la carne. A su polla enamorando mis arcadas. A la saliva desbordándose por sus cojones. Acariciar con la lengua lugares prohibidos. Y él gime, le gusta, disfruta. Su mundo queda en éxtasis, arrodillado. Pero dura poco. Su limitada mente necesita tomar el control. Me tumba con rudeza y empieza a devorarme. Me abofetea. Me agarra de las tetas y muerde los pezones. La visión entumece mis sentidos.

Las bragas se deslizan hasta el suelo a cámara lenta. Me la mete sin preliminares. Fuerte y duro. La mano cerrada en mi garganta. Me cuesta respirar. Me coloca de espaldas. Sus cojones me golpean. Jadeamos. Gotas de sudor arqueándose por mi espalda. Se coloca encima de nuevo. Abro la boca y trago su saliva. Sus ojos relucen. A horcajadas me folla la boca, mis manos arañándole el culo. No me gusta demasiado mi sabor. Pero soy su puta. Una amante del trueque social. Una perra cosificada. Me masturbo el clítoris con violencia pero no consigo correrme. No es culpa suya. Su rol es perfecto. Es mi cuerpo quien me traiciona. Demasiado amor horizontal en pocos días. Necesito un ápice más de maltrato. Quizás hay empatía en su sadismo cuando me fuerza por detrás. Grito. Lloro. Gimo. Es un bastardo. Pero al rato me empieza a gustar. No duele tanto. Hay restos de su violación en todos mis agujeros. Lloro de placer. Me corro. Ahora sí. Maldito hijo de puta.

Él aún no lo ha conseguido. Sigo chupándole la polla. Lamo sus cojones. Sigo más abajo. Me golpea la cara con su polla. Me gusta el olor a almizcle. Pienso que me gustaría follármelo. Ponerme un arnés y darle caña como él ha hecho conmigo. Follármelo con rabia. Poseerle como nadie ha hecho nunca.

Y así termina todo. Ensoñándome con esas ideas mientras él se corre con fuerza en mi boca. Final feliz.

Love Me to the End by Deine Lakaien on Grooveshark

2 comentarios:

  1. no diré Bukowski, ni una de las otras opciones, aburrido en definitiva no es, de hecho es una delicia. Aqui hace falta un boton limitrofe entre Bukowski y sade, con toques de alguna autora sucia que por desgracia no conozco.
    Seguire paseandome por aqui
    saludos!

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    1. Ja, ja. Sí, necesitamos más autoras con ínfulas de Bukowski que nos quiebren la vista con sus letras. Aunque hay poetisas de esa índole, tampoco conviene reconocer todas las influencias en la primera cita. Un saludo y gracias por comentar.

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